Te hablan de salud mental, plenitud y felicidad.
Y tú pruebas de todo.Sin darte cuenta,
terminas haciendo turismo terapéutico.Cambian las etiquetas,
los diagnósticos,
las explicaciones…pero pasan los años
y todo sigue sintiéndose igual.Con más edad.
Con más cansancio.
Con más frustración.Terapias.
Técnicas.
Rituales.
Pastillas.
Espiritualidad de moda.Algunas cosas ayudan un poco,
superficialmente.
Otras no ayudan nada.Pero el problema sigue ahí.No porque estés roto.
No porque no te esfuerces.
Y no porque no quieras cambiar.Pasa algo distinto:👉 la mayoría de estos enfoques no opera
donde realmente se decide tu vida.Mira, dicen que todo se entiende mejor con historias,
así que te cuento una.Un tipo pierde las llaves de su auto.
Sale de noche a buscarlas…
pero solo mira bajo un farol.Su pareja le dice:
—¿Por qué buscas ahí si se te cayeron más allá?Él responde:
—Porque este es el único lugar donde hay luz.Las llaves no están ahí.
Nunca lo estuvieron.Pero es más cómodo buscar donde ves
que ir a oscuras al lugar correcto.Eso es lo que pasa aquí.Más del 90% de nuestras decisiones
no son racionales.Son automáticas y emocionales.Mientras esos automatismos sigan activos,
no sirve de nada seguir adornando
la punta del iceberg.Puedes entenderlo todo…
y aun así repetir lo mismo.Porque ese 90% invisible
tira como un tractor alemán.No es motivación.
No es terapia blanda.
No es para todos.Es material para quienes ya sospechan
que el problema no era la falta de ganas,sino el mapa.Si el mapa te lleva a propósito y sentido,
tienes lo único que no se compra
y lo único que vale la pena heredar.